Conjunto de láminas que componen un panel de gran formato en el cual se expande serializadamente la imagen de un mismo conjunto de objetos diferenciados por la manipulación y alteración técnica de los procesos gráficos que le dan forma.

La serialización en esta obra se propone como referencia a la sistematización y periodicidad del narcotráfico, aspectos presentes en los métodos de elaboración y manipulación de sustancias así como también en la composición de diagramas y cuadrículas desplegadas al momento de exhibir publicamente lo incautado.

La obra a realizar busca responder a estas preguntas en su proceso de producción, luego de haber investigado y analizado la estructura del decomiso expuesto y el sistema que lo circunda, espacio en el cual acontece una apropiación o requisamiento de mecanismos y atributos visuales desde la tradición artística y los medios publicitarios. Estas vinculaciones estructuran una obra que se constituirá como un microsistema visual en el cual se elaborarán tres propuestas en base a un mismo modelo. Trilogía que expondrá conexiones entre cada una de sus partes, buscando activar la capacidad o necesidad de convencimiento en el espectador, activar el circuito de la credibilidad desde su polo opuesto, desde la mentira.

La noción de dispositivo aplicada al decomiso, obedece a la convergencia de visualidades acontecidas en su imagen y su posterior despliegue mediático, mediación en la cual, la cantidad de información visual establece una relación directa con las  acciones desarrolladas en cada etapa de estos hechos contingentes, desde la elaboración de los envoltorios por parte de los narcotraficantes hasta la puesta en escena de las evidencias y su mediatización. La reiteración de estas acciones, han dado por resultado, una imagen predecible, un formato noticioso que funciona como una “matriz comunicacional”, dispositivo que mantiene su accionar mecanizado con sutiles diferencias entre cada acontecimiento.

De este modo se explica la variedad y disposición de objetos presentados como evidencia, el criterio que los ordena busca reconstituir una serie de acontecimientos e individuos comprometidos en el delito. Opera en este caso, una edición visual  que determina la cantidad de información presentada y su montaje, aspecto en el cual toman parte los medios, dando inicio a un proceso de estetización del registro.

Si bien es cierto, que esta manera busca exhibir las evidencias bajo criterios técnicos de proporción y medida, hay ciertos elementos o situaciones presentes en las fotografías de decomiso, que generan un difuso límite entre disposición, ornamentación y publicidad, un estilo de toma y una recurrente pose.

Roland Barthes, analiza la estructura de la fotografía de prensa, (categoría que contiene a las fotografías de decomisos en sus secciones de crónica). Apunta su carácter paradójico señalando: Por una parte, una fotografía de prensa es un objeto trabajado, escogido, compuesto, elaborado, tratado de acuerdo con unas normas profesionales, estéticas o ideológicas que constituyen otros tantos factores de connotación; por otra parte, esa misma fotografía no solamente se percibe; se recibe; sino que se «lee» […] Así pues, la paradójica fotográfica residiría en la coexistencia de dos mensajes, uno de ellos sin código ( el análogo fotográfico ), y otro con código ( el «arte» , el tratamiento, la «escritura» o retórica de la fotografía).[2]

Precisamente sobre este “otro código” visual híbrido, se articula la estrategia de la obra a realizar, respondiendo con una serie de montajes, manipulaciones y registros a la pregunta estética planteada por el decomiso.



[2] BARTHES. Roland. Lo obvio y lo obtuso. Editorial Paidós. Barcelona, 1986. Pág.15